La fuerza energética de un hogar

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En el post de hoy queremos dejar de lado nuestras queridas amigas las aspiradoras y centrarnos en un aspecto que es vital para el ahorro doméstico: la potencia eléctrica.

Una potencia eléctrica adecuada es vital para reducir gastos y problemas.

Para decidir la potencia eléctrica que más se adecúa a las necesidades de un hogar, es necesario tener en cuenta todo el conjunto de electrodomésticos que, en un momento dado, puede ser necesario tener en funcionamiento de forma simultánea.

Aunque una vez obtenida la cantidad de vatios en cuestión, resulta aconsejable contratar la potencia inmediatamente superior para evitar así los incómodos cortes de luz que realiza el limitador de potencia cuando se supera la cantidad contratada. En este sentido, cabe destacar que las compañías eléctricas suelen contratar las potencias en múltiplos de 1.100 vatios.

Por lo que el usuario debe evaluar la relación coste-beneficio que le supone la contratación de esta potencia superior a la estrictamente necesaria, ya que siempre se puede solicitar una ampliación de potencia en caso de que sea necesario.

De este modo, puede decirse que, por lo general, realizando un consumo normal de luz y teniendo conectados a un tiempo el frigorífico, un calentador de agua, el aspirador, la plancha y la lavadora se requeriría una potencia de 3.000 vatios. Aunque si a ellos se suman un lavaplatos y una cocina o un horno eléctrico ya se requerirían unos 6.000 vatios.

De tal manera que, si se dieran todos ellos de forma conjunta sería necesario ampliarla hasta los 9.000, puesto que un electrodoméstico medio suele requerir unos 1.500 vatios. Potencia que se dispararía aún más si además se contara con un sistema eléctrico de calefacción.

Situación en la que resulta recomendable contar con radiadores de acumulación y contratar una tarifa eléctrica nocturna, para que los radiadores se carguen durante la noche y liberen el calor acumulado durante el día, ahorrando así dinero tanto en la contratación de la potencia como en la factura de la luz. Un ahorro para el que también es aconsejable un sistema de regulación e incluso de control a distancia.

Aunque cuando de lo que se trata es de minimizar los riesgos, lo más apropiado es contar con un cuadro eléctrico completo y en óptimas condiciones de mantenimiento. Un cajetín en el que, para evitar sobrecargas y cortocircuitos, suele haber tres tipos de interruptores.

El principal es el Interruptor de Control de Potencia (ICP), que controla que la potencia utilizada se ajuste a la contratada en esa instalación, evitando daños en ella por sobrecarga.

El segundo tipo de interruptor es el Diferencial (ID), que se usa para desconectar la instalación eléctrica de forma rápida cuando hay una fuga a tierra. Con lo que, si una persona toca un aparato averiado, salta para que no se produzca una descarga.

Por último, el cuadro eléctrico cuenta también con los denominados Pequeños Interruptores Automáticos (PIA´s), pensados para proteger al usuario de los incidentes producidos por los cortocircuitos o sobrecargas que puedan generarse en los circuitos interiores: iluminación, electrodomésticos, etc

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